Las cosas son lo que son...

Queridos amigos:
 
Esta fue mi predicación de hoy, 8 de octubre de 2006, Domingo XXVII del Ciclo Litúrgico B, en el Hogar Marín:

Mona1. LAS COSAS SON LO QUE SON, Y NO LO QUE QUERAMOS QUE SEAN... A veces queremos cambiarlas, suavizando un poco las palabras, cuando las cosas nos resultan duras, pero, como dice el refrán, "la mona, aunque se vista de seda, mona queda", es decir, las cosas son lo que son, aunque no nos gusten y queramos disfrazarlas...

Quizás nos resulte dura la muerte, y entonces prefiramos decir que alguien "falleció", y no que murió. También puede ser que prefiramos hablar de una enfermedad mala, en vez de decir que alguien tiene cáncer. Si se trata de exámenes, se dice que "nos pusieron" una mala nota, y que "nos sacamos" una buena. Y si nos va mal en un deporte, antes que decir que perdimos, preferimos decir que "nos ganaron", o incluso que "nos robaron" un partido...

El matrimonio, hoyHoy el matrimonio es una realidad dura y difícil que cuesta asumir con todo su valor y con todas sus consecuencias. Decimos u oímos decir, entonces, en un lenguaje muy frecuente pero bastante impreciso, que es muy difícil que pueda durar para toda la vida, y que, en todo caso, si fracasa, no se le puede negar a nadie el derecho a "rehacer" su vida (como si la vida admitiera "ensayos", y si no sale bien, se pudiera hacer lo que se hace con una vasija de barro mientras se la está fabricando: deshacerla y volver a hacerla a gusto y medida)...

Desde esta posición, a veces se critica a la Iglesia acusándola hoy de ser muy retrógrada, y proponiendo que debería actualizarse, ya que no puede pretenderse que siga pensando que el matrimonio es una realidad indisoluble en la que no tiene lugar el divorcio. Se piensa que, teniendo en cuenta que en nuestro tiempo hay muchos matrimonios que se divorcian, la Iglesia debería ponerse al día con las corrientes de nuestro tiempo, y que si no cambia a tiempo terminará quedándose sin fieles, porque hoy ya no se puede sostener una posición tan inflexible sin perder actualidad...

Matrimonio sacramento2. SON UNA SOLA CARNE; EL HOMBRE NO SEPARE LO QUE DIOS HA UNIDO... En este contexto resuenan tan actuales como siempre las palabras de Jesús, que nos recuerdan lo que Dios ha hecho del matrimonio. No es esta la primera vez en la que el divorcio está tan extendido. Sucedía en tiempos de Jesús, tanto dentro del ambiente del Imperio romano, conocido por su visión divorcista del matrimonio, como dentro del pueblo judío, que había llevado a Moisés a reglamentar el modo en el que podía admitirse el divorcio...

Pero al principio no fue así. Y ahora tampoco. Porque salido de las manos de Dios, creador del hombre y la mujer, hechos para complementarse de una manera afectiva y efectiva, haciéndose una "sola carne". Esta expresión va mucho más allá que lo que puede verse en una entrega sexual, más o menos perdurable. Nos habla de una unión de toda la vida, de un trabajo continuo, que se asume libremente, de hacer de dos voluntades, de dos inteligencias, de dos modos de ver las cosas, una unidad que se asienta y se construye en el amor y en la entrega de toda la vida, renovada cada día. El sacramento del matrimonio hace posible que los cristianos que se casan, se hagan "socios" de Dios en el matrimonio, se dan un "sí" que compromete a Dios, ya que Él mismo los une con un vínculo que es fuente de gracia y de amor, y que por eso nadie, ni siquiera ellos mismos, pueden destruir, ya que dura para toda la vida. Y esto no porque se convierta en una cárcel inexpugnable, sino porque es un camino al Cielo a través de la entrega mutua...

Alguno podría preguntarse por qué, si el matrimonio es lo que acabo de describir, son hoy tantos los matrimonios que fracasan, se separan, se divorcian y emprenden otro camino con la ilusión de poder "rehacer" la vida. Jesús nos dice que eso, que ya pasaba en su tiempo, se debe a la dureza del corazón, es decir, a la existencia del pecado, que nos hace débiles, inconstantes en el amor, prontos a cambiar de rumbo, y también egoístas, en diversas medidas. También hoy, como por otra parte ha sido siempre, el matrimonio está plagado de dificultades. Muchas veces los cónyuges pueden verse tentados por el desaliento...

Matrimonio peleandoComo nos dice el R. P. Raniero Cantalemessa OFM, predicador del Papa, los cónyuges pueden verse tentados a decir, ante las dificultades: «estoy harto de esta vida», «me marcho», «si es así, ¡cada uno por su lado!». Si se dejan llevar por la mentalidad clásica de nuestro tiempo, «usar y tirar», y la aplican al matrimonio, el resultado es mortífero. Pero en el matrimonio hay que volver a la práctica de «usar y remendar», hay que practicar este arte del remiendo en el matrimonio. Remendar los desgarrones. Y remendarlos enseguida. Nos dice el predicador del Papa que en este proceso de desgarrones y recosidos, de crisis y superaciones, el matrimonio no se gasta, sino que se afina y mejora. Y señala una analogía entre el proceso que lleva hacia un matrimonio exitoso y el que lleva a la santidad...

La fuerza del matrimonio sacramentalEn su camino hacia la perfección, los santos atraviesan a menudo la llamada «noche oscura de los sentidos» en la que ya no experimenta ningún sentimiento, ningún impulso; tienen aridez, están vacíos, hacen todo a fuerza de voluntad y con fatiga. Después de ésta, llega la «noche oscura del espíritu» en la que entra en crisis no sólo el sentimiento, sino también la inteligencia y la voluntad. Se llega a dudar de que se esté en el camino adecuado, si es que acaso no ha sido todo un error; oscuridad completa, tentaciones sin fin. Se sigue adelante sólo por fe. ¿Entonces todo se acaba?, se pregunta el R. P. Cantalamessa OFM, y se responde rápidamente que al contrario, ese camino es una purificación. Después de pasar por estas crisis los santos se dan cuenta de cuánto más profundo y más desinteresado es ahora su amor por Dios, respecto al de los comienzos. Y lo mismo puede suceder en el matrimonio, que es también un camino de santidad...

Jesús lo dice con claridad, y esto no ha cambiado: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete  adulterio". Y entonces, ¿cómo hacemos en nuestro tiempo, en el que, incluso en los colegios católicos, una buena parte de los padres de los alumnos/as se encuentran en esta situación, que Jesús llama con todas las letras, sin buscar palabras más suaves, "adulterio"?...

Matrimonio3. HOY HAY QUE AYUDAR A TODOS, SIN ECHARLE AGUA AL EVANGELIO... En primer lugar, ya que las cosas son lo que son, vale la pena no distraerse buscando otro modo de llamarlas, porque sólo asumiéndolas como son, es posible ponerles alguna luz, y encontrarles alguna salida...

MatrimonioEn segundo lugar, conviene recordar, como nos decía Juan Pablo II hace ya casi 25 años (cf. Familiaris consortio, n. 84), que no podemos abandonar a su propia suerte a quienes, habiendo fracasado en su matrimonio, han hecho una segunda unión, sin poder casarse por la Iglesia. Habrá que discernir bien las situaciones, porque en algunos casos habrá mucha culpa, en otros poca, y en algunos ninguna...

En todo caso, siempre tendremos que ocuparnos de los que viven esta dolorosa situación, para que no se consideren separados de la Iglesia. Es verdad, no podrán recibir los sacramentos de la reconciliación y de la comunión, pero necesitan, como todos nosotros, participar de la vida de la Iglesia. La Palabra de Dios es para ellos alimento necesario, como para nosotros. Necesitan de la oración, están llamados a vivir comprometidamente en la caridad, es su misión educar cristianamente a sus hijos y tienen derecho a que los ayudemos a hacerlo. Finalmente, con palabras de Juan Pablo II en el lugar ya citado (Familiaris consortio, n. 84), ellos [como por otra parte todos nosotros, agrego yo], "pueden obtener de Dios  la gracia de la conversión y de la salvación si perseveran en la oración, en la penitencia y en la caridad". En definitiva, a nosotros nos toca, como comunidad cristiana, ayudar a todos, sin echarle agua al Evangelio, porque si lo hiciéramos, ni a ellos ni a nosotros nos serviría...


Lecturas bíblicas del Domingo XXVII del Tiempo Ordinario del ciclo B:

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Predicaciones del P. Alejandro W. Bunge:
Todas las predicaciones: http://www.awbunge.com.ar/predicaciones/
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